La siguiente puede ser una escena que usted también haya presenciado.
Los cuatro amigos se vuelven a reunir, como lo hacen periódicamente, en el café paquete de la tradicional esquina de Comodoro. La mesa es la de siempre, al igual que sus comentarios. Su prolija vestimenta es la misma, y hasta sus posturas delante de la mesa son idénticas.
Verde, Rojo, Azul y Amarillo son conocidos desde siempre, y también comparten negocios, amistades, vacaciones y diversos comentarios. Luego del primer café y tras repasar los títulos de los diarios del día, pasan rápidamente por el fútbol, para recalar en alguna apostilla sobre el clima. Después de estos tópicos, la charla siempre deriva en un mismo lugar.
-Yo no entiendo a este país, dice Amarillo.
-Nadie lo entiende, responde Rojo.
-No hay que entenderlo, hay que soportarlo, agrega Verde.
-Yo prefiero no entender nada, expresa Azul.
Y luego, viene una seguidilla de relatos y anécdotas sin importancia, banales, con detalles mínimos de la vida diaria.
-¿Podes creer? - ¡Qué cosa eh! - ¡Es increíble!- ¡Esto no da para más!
Tales son las expresiones que se suceden en los labios de estos amigos. Sus acusaciones le apuntan con dureza al país, y hablan de crisis, rupturas, escasez, fracasos, problemas y desinversión. Y hasta suelen colar en su vocabulario palabras de moda, como “lockout”.
Aseguran que el país está cada vez peor. Meten en la misma bolsa el valor del dólar, el valor del crudo de petróleo y de la nafta. Pintan un paisaje en el que se mezclan palabras tales como rentabilidad, inseguridad, inmigración y corrupción.
Afirman que no se puede invertir en el país, y dicen que lo mejor sería poder llevar la plata afuera, como hicieron en otras épocas.
Añoran la buena vida de las grandes urbes, sueñan con caminar por las calles de ciudades del primer mundo, y tienen delirios recordando vacaciones en Madrid, Miami, Roma y Atenas.
Llama la atención el panorama de crisis que sale de sus bocas. El horizonte negro que ven en sus retinas. Cualquier que los oyera pensaría que describen un país en plena guerra o en medio de una profunda crisis financiera, social.
Ellos también miraron desde un costado la crisis del 2001 y vaticinaron que el país tardaría por lo menos cuarenta años en recuperarse. Ellos también se alertaron cuando cayó el valor del barril de petróleo y volvieron a vaticinar épocas de crisis de las que no se podría regresar. Ellos impulsaron el temor a los muchos efectos mundiales económicos; como el Efecto Tequila o el Efecto Vodka.
Estos cuatro personajes, desde hace al menos diez años, repiten las mismas predicciones nefastas para la Argentina.
LAS CRISIS
Y mientras ellos siguen hablando, la información que pasa en los televisores ubicados detrás, con noticias internacionales, se pinta un panorama triste y desalentador para los países del primer mundo. Es la crisis que azota a España, Italia y Grecia, por ejemplo.
Es la crisis que se originó en los Estados Unidos en el 2008 la que sigue golpeando con su oleaje a distintos países. Una crisis que fue desencadenada por numerosos factores, entre ellos los altos precios de las materias primas, la sobrevalorización de los productos, la crisis alimentaria y energética, una elevada inflación y la amenaza de una recesión. A esto se agrega una crisis crediticia, hipotecaria y de confianza en los mercados. Se trata de la llamada “crisis de los países desarrollados”.
Y aunque parezca mentira, quien entró en esa grave crisis en el 2008 fue Estados Unidos, la economía más grande del mundo.
Esta situación causó la quiebra de medio centenar de bancos y entidades financieras, arrastrando los valores bursátiles y la capacidad de consumo y ahorro de la población.
Y España también padece el efecto de esa crisis internacional. Aquel país al que muchos argentinos emigraron, es ahora el que sufre la peor de las consecuencias de la crisis financiera internacional: el desempleo.
Este mes, la tasa de desempleo en España alcanzó la dramática cifra de 22,9% al aumentar 8,7% en enero con respecto al mismo mes del año pasado. Así, la cantidad de desocupados al finalizar enero alcanzó casi 4,6 millones de personas. Durante enero fueron 177.470 personas las que se quedaron sin trabajo, lo que significó un aumento porcentual de 4% respecto a diciembre. El volumen total de desocupados alcanza la cifra de 4.599.829, su nivel más alto en toda su historia.
La discusión en España es por hallar las razones de la crisis. Algunos la buscan en los salarios de los altos ejecutivos o en la ausencia de eficacia de los organismos reguladores. Entre otras cosas, los impagos de numerosas empresas y particulares junto a la mala gestión han llevado a la intervención de algunas entidades financieras por parte del Estado.
Y si el periplo por el primer mundo continúa, podemos llegar hasta Grecia. Aquí la decadencia económica también se inició con la crisis económica de EE.UU. a partir del 2007. A raíz de esta crisis Grecia generó una enorme deuda pública. La situación se agravó al descubrir que el gobierno de Atenas ocultó durante años los verdaderos datos macroeconómicos y el real valor de la deuda. Esta enorme deuda provocó grandes recortes en el sector público, que derivaron en manifestaciones y disturbios. Grecia se convirtió así en el primer país europeo en solicitar ayuda externa debido al contagio financiero, y luego le siguieron Irlanda y Portugal.
Las medidas impuestas a Grecia durante 2010 y 2011 fueron regresivas a nivel social. Por esto, además del debilitamiento democrático y el aumento de la emigración económica, se produjo un deterioro de los niveles de salud (empeoramiento de la atención sanitaria, aumento de los problemas psicosociales, incremento de los suicidios), disminución de la esperanza de vida, aumento de la corrupción y aumento de los niveles de violencia y delincuencia. Y así está por estos días el llamado Primer Mundo.
Y mientras esto ocurre en las grandes economías mundiales, Argentina sigue de pie, sosteniendo su dignidad económica, austeramente, pero de pie. Argentina se recuperó de la crisis del 2001, de las crisis internacionales y de los distintos efectos financieros. Y hoy, más allá de cualquier análisis económico en detalle, se podría decir que a la “dificultad” internacional la miramos atentos pero de lejos.
FIN DEL CAFE
Y cuando las noticias internacionales finalizan, estos cuatro amigos de café, cuatro empresarios conocidos, se disponen a marcharse hacia sus actividades. El mismo país que ellos critican es el mismo país que sigue favoreciendo su calidad de vida.
La dosis de crítica destructiva ha terminado por hoy. Por eso Verde, Rojo, Azul y Amarillo salen del café al mismo tiempo, se suben a sus automóviles y se marchan. Los hombres viven de diferentes maneras; algunos solo de quejarse. Otros ayudan a construir.
P.D.: espero que lo publiquen
saludos B.T
B.T
B.T