Sobre el frente este del Cerro Chenque se han producido reactivaciones periódicas del deslizamiento principal, documentadas desde las primeras décadas del siglo XX. Una de las más recordadas es la de febrero de 1995, cuando sepultó el paso por la ruta Nacional 3.
En esa oportunidad se experimentó un movimiento de gran magnitud (más de 100.000 m3) que involucró el material ya deslizado por debajo de la ruta y amplió su desarrollo hacia el faldeo alto, incorporando un importante volumen de roca “in situ”.
Inmediatamente al sur del anterior deslizamiento se encuentra uno de menor magnitud, que cubrió en su movimiento inicial una vía de la ruta 3, la cuneta y la alcantarilla. Ha sufrido pulsos en marzo de 1999, agosto del 2000 y continúa desplazando su masa hacia la ruta.
En el faldeo sur, sobre calle Sarmiento, en proximidad a la ruta 3 se han desarrollado pulsos de reactivación de movimientos sobre el lóbulo de un antiguo deslizamiento ya existente.
En 1993, se produjeron levantamientos y desplazamientos localizados en la carpeta asfáltica, cordón cuneta y veredas de calle Sarmiento, entre calles 9 de Julio y Pellegrini.
Sobre la base a los movimientos producidos durante este corto período de alrededor de 15 años, puede aseverarse que se ha desarrollado una altísima frecuencia de deslizamientos (la mayoría de ellos bajo la modalidad de reactivación de movimientos rotacionales previos), explica el geólogo Néstor Hirtz, lo que permite categorizar el área como de “elevado riesgo geológico”.
Este diagnóstico se obtiene por el carácter convergente de la peligrosidad natural (movimientos de gran magnitud, rápidos y de difícil predicción temporal) con la alta sensibilidad debida a la infraestructura y actividad socioeconómica en riesgo, tal es el sector urbanizado próximo a calle Sarmiento.
Los deslizamientos se producen debido a que la resistencia del material no es suficiente para soportar su propio peso. Ello está en relación directa con la pendiente, ya que una roca débil soporta sólo pendientes bajas mientras que rocas resistentes son estables, incluso con pendientes verticales.
Para alcanzar una situación estable es necesario, entonces, tener pendientes acordes con la resistencia mecánica del macizo rocoso, que en general, es baja.
Por otra parte, se deben eliminar o reducir los restantes factores desestabilizadores, señalan los expertos.
Entre dichos factores se destacan la pérdida de resistencia de la roca, el desequilibrio geométrico, y el efecto del agua en su escurrimiento superficial, infiltración y saturación del terreno.
En los casos descriptos, la alteración geométrica, principalmente por eliminación de material en la base que constituye la cuña resistente al pié del talud, provoca el efecto más negativo.