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ESTE SENEGALES DE 26 AÑOS FORMA PARTE DE UN PEQUEÑO GRUPO DE AFRICANOS QUE VIVE EN COMODORO RIVADAVIA
Mara Diop vino a la Argentina escapando del Servicio Militar
A los 16 años decidió irse de su país para evitar el Servicio Militar Obligatorio. Su búsqueda de aventuras, lo llevó a España donde viven familiares de él que también inmigraron. Sin embargo, luego quiso conocer Latinoamérica. Estuvo un tiempo en Brasil y otro tanto en Buenos Aires. Su espíritu aventurero lo llevó luego a conocer Comodoro Rivadavia y pese al frío y al viento, decidió quedarse por la tranquilidad con la que se vive aquí.
Jueves 23 de Febrero de 2012
“Vine en el año 2000 porque quería conocer, yo estaba viviendo en otro país. Primero fui a Europa, y después dije voy a conocer América Latina. Fui primero a Brasil y después vine acá”, le cuenta Mara Diop a Diario Patagónico, en un entrecortado español que le ayuda a promocionar las joyas y bijouterie que ofrece en su puesto ambulante montado en la estratégica esquina de San Martín y Pellegrini. 
Tenía 16 años cuando decidió irse de su país. En su pensamiento deambulaba la idea de viajar, conocer lugares, y escapar del Servicio Militar Obligatorio. “Es jodido el servicio militar, te obligan, no tenés libertad, te pueden mandar a hacer guerra, yo prefiero viajar, aventura, conocer más cosas fuera del país”, contó este hijo de comerciantes que no emigró por una necesidad económica sino por el temor al riesgo de una guerra.
“Mis padres en Dakar (la capital de Senegal) tienen negocios, mi papá vende materiales para construir en la casa, mi mamá también tiene negocio. Es una ciudad grande, mucho más grande que Comodoro. Hay de todo un poco. Hay pesca, hay mar, océano, muchos fabricantes que hacen muchas cosas”, explicó con amabilidad.

EL ISLAMISMO EN SU VIDA
El viaje de Mara se inicio por España, donde tiene familiares en Valencia. Luego estuvo unos meses en Italia, y posteriormente viajó a Brasil, donde asegura que se sintió muy a gusto, aunque recuerda que los primeros meses fuera de su país fueron difíciles.
“Fue duro porque no conocía a nadie, tenés que aprender idioma, todo diferente, lejos de la familia, ahora ya estoy acostumbrado gracias a Dios”, sostiene mientras algunas personas se acercan a su puesto con intenciones de comprar alguna cadenita o un anillo.
Alá resuena en sus palabras. Mara es musulmán, y por ende su creencia fundamenta sus bases en el Corán, que reconoce a Alá como único Dios. Por diferencias culturales y por la escasa cantidad de creyentes de esa religión en la zona, Comodoro Rivadavia no dispone de una mezquita -la primera de la Patagonia la edificó un creyente argentino en El Bolsón- por lo que el muchacho debe improvisar un espacio para rezar.
“En mi casa siempre rezo, acá en la calle no se puede porque estoy trabajando, pero después en mi casa, tranqui, empiezo a hacer oraciones. Tenemos cinco oraciones por día, tengo el Corán en mi casa, y  si no las puedo hacer en el horario las hago a la noche. Además, hago el Ramadán (en el noveno mes del calendario musulmán, en el cual se dio a conocer el libro sagrado, se realiza un  ayuno estricto durante las horas de sol por  treinta días), aunque no tengo mezquita, pero en Buenos Aires si hay, una que hizo (Carlos) Menem en Palermo”, recordó.
Mara pertenece a la tribu Wólofs, la cual es mayoría en Senegal, por ende predomina su dialecto que se mezcla con el francés e inglés que hablan sus habitantes. Tiene 13 hermanos, cinco por parte de su madre, Fátima, y otros ocho que ella tuvo junto a su padre, Avdoulahi. En junio, luego de varios años de exilio, fue a visitar a su familia.
Desde 2008 que vive en Comodoro Rivadavia, luego de conocer Buenos Aires, Córdoba, Rosario, San Fernando, Villa Gesell, Pinamar y Puerto Madryn. Según afirmó, en ese momento ya estaba Nelson en la ciudad, “un chico gordito que trabajaba en la plaza de la Escuela 83”, al cual consideran el primer senegalés en llegar a Comodoro Rivadavia.  Dice que eligió quedarse porque “es ‘tranqui’, no es tan jodido, me gusta esta ciudad. No es como capital que hay mucho movimiento. Hay gente muy buena onda, gente que habla, pregunta, que se acerca para saber quién sos y de dónde sos. Me gusta la gente sociable, me siento muy bien, tengo amigos que me invitan a su casa a comer asados. Eso es importante, me gusta la gente que pregunta ¿quién sos vos?, porque así saben quién sos. Nosotros somos trabajadores, no hacemos cosas raras, somos tranquilos”, sentenció.
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